En ocasiones el contraste entre belleza y violencia es
brutal. Basta con mirar por la ventana: afuera el verano madura en todo su
esplendor. Dentro, en las noticias que aparecen en estas pantallas el dolor y
la crueldad cabalgan por las páginas como los jinetes del Apocalipsis.
Hoy a mediodía él sale de la casa y se instala en el jardín.
Escucha esa música y recuerda un par de textos breves que escribió hace poco.
Quizás hoy alguien los necesite.
Ahí quedan.
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La imagen de la absoluta felicidad…
2012. Junio; la tarde del viernes 29
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Yo escribo…
Hay que dejarlo para momentos como éste, en el que te
dispones a escuchar una melodía que de alguna manera evoca la felicidad. Es el
momento entonces de mirar con atención y con cariño las plantas florecidas en
el patio, y valorar que estén ahí; es el momento de mirar la cama descuidada de
tu hijo y dar gracias porque siga sano y fuerte, y con planes de vida que no le
dejan tiempo para ordenar sus objetos cotidianos. Es el momento de acariciar
tras la oreja de tu perro y pensar en guardar esa caricia de recuerdo para el
día en que ya no venga a poner su hocico en tu regazo.
La música flota, y uno agradece en secreto y en silencio a esta
vida que fluye a borbotones; da gracias a esta paz, a esta abundancia en medio
de tanta carencia.
Uno agradece:
Y la felicidad se condensa como en chispazos que emocionan.
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